Este viernes, cuatro de diciembre, asistí a una conferencia de Juan Luis Arsuaga en Logroño, a propósito de una exposición que se inauguró sobre Atapuerca. Como no podía ser de otra manera, Arsuaga se ganó al auditorio desde el primer momento por su gran capacidad divulgativa y comunicativa cuando habla de Ciencia, pero también en las distancias cortas, cuando atiende la sed de curiosidad del público.El tema principal de su discurso fue Darwin, por supuesto, cuya obra sobre aspectos de la evolución humana fue más bien breve en comparación a toda su producción bibliográfica. En realidad Darwin no debió tener entre las manos sino unos pocos fósiles de homínidos como el famoso cráneo neandertal de Gibraltar y poco más. Además el origen evolutivo y no divino de nuestra especie era -¡y todavía lo es para algunos!- un auténtico campo de batalla y Darwin por una parte no era amigo de debates públicos ni polémicas (eso no arredraba a su amigo Huxley el buldog de Darwin), y por otra parte vivió una crisis permanente entre sus convicciones científicas y sus creencias religiosas, que intentaba apuntalar su devota mujer.
Así que Arsuaga se extendió sobre el famoso “Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo”, donde Darwin cuenta anécdotas de su viaje a bordo del Beagle, anota sus observaciones geológicas, paleontológicas, antropológicas, etc. Incluso refleja la situación política y social de los lugares que visita, como las guerras continuas de exterminio que mantienen los argentinos con los indígenas de la Patagonia, o la convulsa situación política de ese país. Es un libro que he leído recientemente y en sus capítulos descubrimos a un Darwin tolerante, demócrata y humanista, alejado del tópico -¿o típico?- personaje aristocrático inglés arrogante y que mira con aire de superioridad a otras culturas. De hecho uno de los objetivos del viaje del Beagle es devolver a sus poblados a tres indígenas de la Tierra del Fuego que años atrás unos compatriotas trasladaron a Gran Bretaña para hacer un experimento antropológico. Se trataba de intentar “civilizar” a estos indígenas y comprobar si la avanzada y milenaria cultura británica podía regenerar a unos pobres salvajes que vivían en el más innoble retraso (salvo en un caso, el experimento no funcionó). Incluso en este viaje del Beagle un misionero fracasó estrepitosamente en su intento de llevar las almas de los fueguinos por el buen camino del cristianismo.

Es estremecedora la descripción que hace Darwin de la vida de las tribus fueguinas (la Tierra del Fuego se denominó así por las numerosas y constantes hogueras que sus habitantes encendían). Sus condiciones de vida eran pésimas, su estructura social era enclenque, sus técnicas de pesca rudimentarias y la impresión general es que vivían en la Edad de Piedra. Incluso andaban descalzos, sus chozas eran abiertas y su ropa a base de pieles era asombrosamente escasa para cubrir apenas su cuerpo en un lugar de frío intenso y tormentas diarias. Darwin afirma que es la gente que vive de la forma más miserable y atrasada que pueda imaginar un humano.
Con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Darwin y del 150 de la publicación del libro “El origen de las especies”, se han editado en nuestro país muchos de los libros que publicó, algunos
auténticas joyas. Precisamente el “Diario del viaje de un naturalista” ha sido publicado por varias editoriales; en la versión que yo he manejado se echa en falta más ilustraciones, pero es interesante subrayar que para algunos críticos es uno de los mejores libros de viajes jamás escrito.Y es que hacer el viaje con el Beagle marcaría profundamente a Darwin, que se embarcó con sus 22 años y una notable capacidad de observación y aprendizaje. Lo que vio y experimentó –incluidos episodios de enfermedad o riesgos de naufragio- caló de forma honda en su mente, que absorbió todo para que años después cristalizara en su libro sobre el origen de las especies. Arsuaga comentaba que anteriores aniversarios relacionados con Darwin pasaron sin pena ni gloria por nuestro país (también es cierto que hay que situarse en la España de 1909 o de 1959…). Pero yo entiendo que la influencia de Darwin aquí fue real aunque lenta y no generalizada, y no sólo en los científicos, sino también en nuestra cultura: llama la atención las referencias a Darwin en bastantes libros españoles de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX; un ejemplo es “La Regenta” de Clarín, donde aparece un personaje –no recuerdo más detalles ahora- que es un entusiasta seguidor de la teoría evolutiva, en contraste con una sociedad provinciana y encerrada en sus propios demonios.
Bueno, con tanto Darwin no hubo oportunidad para preguntar a Arsuaga sobre el debate que hay sobre algunos aspectos de nuestra evolución, y en especial el estatus de Homo antecessor, su inequívoca condición de especie (contra la opinión de algún antropólogo europeo) y su posición en nuestro árbol evolutivo: ¿hay consenso entre los especialistas sobre la propuesta de que Antecesor es el nodo del que surge por un lado la línea que origina los sapiens y por otro lado la línea neandertal?. Mi voto de confianza para el equipo de Atapuerca y, si no pasa nada raro, tendremos oportunidad el próximo verano de preguntárselo durante la conferencia que impartirá en Salas.
Fidel Torcida Fernández- Baldor, director del Museo de Dinosaurios y miembro del C.A.S.
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