Esta segunda crónica va dedicada a nuestras chicas.Nos levantamos cuidando de comprobar que no haya alacranes ni otros bichos peligrosos dentro de nuestro calzado. Desayunaos con café y mate. Recomenzamos el trabajo en el yacimiento. En parte de él ya estamos muy cerca de la capa fértil y se deja de utilizar el martillo neumático, pero la roca es muy compacta, muy dura y se avanza con cinceles lentamente. En los alrededores hay otros yacimientos donde se recogen astillas óseas en abundancia. Nuestros colegas han excavado en algunos punto de esta extensa zona (¡han encontrado mas restos de rebaquisáurido!).
Ayer por la tarde nos acercamos al área de laboratorio e investigación del Museo Paleontológico de la villa. Para la mayoría de nosotros fue la primera visita (Fidel estuvo con Victor y Pedro en agosto de 2009: ver las crónicas de este mismo blog), y el impacto fue grande. Nos encontramos con enormes piezas de dinosaurios titanosáuridos (fémures, húmeros y tibias completas), del terópodo mas grande conocido, el Giganotosaurus, el esqueleto semicompleto de Skorpiovenator en su bochón-momia original, ¡con el cráneo completo! Un ejemplo significativo de la fantástica riqueza en dinosaurios de la patagonia argentina. Nos queda pendiente ver el pequeño pero magnífico museo paleontológico local, donde laburan (trabajan) nuestros colegas Alejandro Haluza (Juje), Juan Canale, Manu, Carlos, Andrés, Marta, Christian (Poca), con los que compartimos las 20 horas de monte.
Nota: Ayer comenzamos nuestra dieta argentina. El almuerzo fue conejo y jabalí, de cena tuvimos asado en el monte: vacío y costillas de vaca, siete kilos. ¡Muy sabroso! Mucha carne y pocos vegetales: papas, ensalada y macedonia. Después de la cena nos ponemos a observar el firmamento, completo de estrellas. ¡Mágico! Buscamos Orión, la Cruz del
Sur... De vez en cuando pasa algún satélite y el trazado de estrellas fugaces bajo un silencio absoluto.
Sur... De vez en cuando pasa algún satélite y el trazado de estrellas fugaces bajo un silencio absoluto. Desde Villa el Chocón hasta el yacimiento atravesamos tres campos (grandes fincas), abriendo y cerrando tranqueras (portones), y pasando cerca de los puestos (casas donde viven los propietarios de los campos). En los puestos encontramos los únicos árboles del paisaje, regados con el agua de pozos bombeada con la ayuda de molinos de viento. Es resto del monte es semiárido con matorrales, algunos de ellos peligrosos, pues tienen espinas largas y muy afiladas que atraviesan la suela de nuestro calzado: los alpatacos (¡bueno, esas espinas también nos sirven de mondadientes!
Fotos C.A.S.
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