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jueves, 31 de enero de 2013

La supervivencia del "más bonito" en la época de los dinosaurios.

Un estudio elaborado por investigadores de universidades británicas y australianas concluye que en la época de los dinosaurios también sobrevivían los "más bonitos".

El concepto de selección sexual fue propuesto por Darwin para explicar la evolución de caracteres sexuales secundarios, que parecían no responder a la selección natural.

Esta selección ocurre mediante la lucha entre machos por el apareamiento y la elección por parte de las hembras: un proceso de selección sexual. Es habitual observar este fenómeno en los animales vivos, pero se creía que era imposible reconocerlos en animales extintos.

"Normalmente nos basta con analizar las variaciones entre hembras y machos que se desarrollan durante la edad adulta y con llevar a cabo tests de comportamiento para concluir si un animal hace parte de un proceso de selección sexual", explica David Hone, paleontólogo del Queen Mary University y coautor del estudio. Pero claro, relacionar este proceso con fósiles de animales extintos no es ni mucho menos sencillo.

Muchos fósiles de animales prehistóricos poseen elaboradas crestas, cuernos y otras estructuras que parecen haberse utilizado para atraer al sexo opuesto, pero resulta difícil determinar con seguridad si este era su único fin. Pueden haber desempeñado un papel en el comportamiento alimentario, en la necesidad de huir de los depredadores, o en el control de su temperatura corporal.

Sin embargo, los autores del reciente estudio aseguran que estas pistas son un claro indicio de que la selección sexual también ocurría en los dinosaurios. Los investigadores aseguran que es posible determinar este tipo de características a partir de fósiles: rasgos que pueden ser usados en enfrentamientos, fracturas óseas que resultaron de duelos y ornamentación con fines exhibicionistas, como las crestas en forma de abanico de algunos dinosaurios.

Las diferencias entre los machos y las hembras de una especie, definidas bajo el concepto de 'dimorfismo sexual', también pueden sugerir la presencia del proceso de selección sexual o las características observadas en adultos sexualmente desarrollados que no se encuentran entre jóvenes de la misma especie.

También se puede inferir la presencia del proceso de selección sexual a partir de características que son difíciles de conservar o mantener. Si los animales extintos tuvieron que emplear grandes cantidades de energía para conservar estos rasgos, es posible suponer que las ventajas reproductivas que implicaban eran más ventajosas que las incomodidades.

Si bien estas características pueden haber tenido múltiples usos, los autores sugieren que la selección sexual no debe ser descartada.

Algunos científicos argumentan que ninguna característica de los dinosaurios puede vincularse con la selección sexual y según Hone eso se debe a que su definición del proceso de selección sexual es muy restringida. Se basan en que si no hay síntomas claros que evidencien el dimorfismo sexual, automáticamente se concluye que no se da este proceso.

Para los firmantes del estudio, la definición es más amplia y por eso es posible identificar otro tipo de características que justifican la idea de la supervivencia del "más bonito".

A medida en que las observaciones indican que la selección sexual es el proceso más común en la formación de rasgos evolutivos en los animales modernos, existen todas las razones para suponer que el fenómeno era exactamente el mismo en el pasado, concluye Hone.

Referencia: Robert J. Knell, Darren Naish, Joseph L. Tomkins, David W.E. Hone, Sexual selection in prehistoric animals: detection and implications, Trends in Ecology & Evolution, Volume 28, Issue 1, January 2013, Pages 38-47, doi: 10.1016/j.tree.2012.07.015

Imagen de Mark Witton
Science Daily
BBC Mundo